
Con el 99% de los votos procesados, Peña, del conservador Partido Colorado, suma casi el 43% de los apoyos por el 27,4% de Efraín Alegre, que lideraba una coalición de centro-izquierda.
«Gracias a quienes nos entregaron sus sueños, confiaron en este proyecto, depositaron sus esperanzas para que podamos estar mejor, y vamos a estar mejor», dijo Peña al celebrar el triunfo.
«Después de los últimos años de estancamiento económico, alto déficit fiscal, alto índice de desocupados e incremento de la pobreza extrema, no es solo trabajo para una persona o un partido. Por eso convoco a la unidad y el consenso, por la prosperidad sin exclusiones», agregó.
Alegre admitió la derrota. «La división ha hecho que no hayamos podido llegar al objetivo de cambio solicitado», señaló. Buena parte del voto de cambio se fue a la tercera fuerza política, la extrema derecha del polémico Paraguayo Cubas, que logró un 22% de apoyos.
En 2017, el presidente de Paraguay de aquel momento, Horacio Cartes (2013-2018), no necesitó más que esas dos insignias para coronar al ministro de Hacienda, Santiago Peña, como su heredero en el histórico Partido Colorado.
En uno de los pocos países de América Latina sin segunda vuelta electoral, donde los presidentes no pueden ser reelectos, el ingreso en 2015 de Peña al gobierno conservador lo convirtió en una de las caras visibles de la principal fuerza política del país.
El Partido Colorado, que se mantiene en el poder casi de manera ininterrumpida desde 1947, con la excepción de los años de Fernando Lugo y Federico Franco, lo seguirá haciendo por un nuevo mandato.









