
El precio de la carne de res registró un nuevo incremento en los mercados locales, presionado según los comerciantes por factores como la sequía, el contrabando, la escasez de ganado, el encarecimiento de insumos, la subida del dólar y la falta de diésel para el transporte.
Según la Asociación de Comercializadores de Carne (Acodecar), el kilo vivo de res en remates se sitúa en 25 bolivianos, lo que se traduce en un costo de 48 a 50 bolivianos por kilo gancho. Sin embargo, en los puestos de venta al consumidor final los precios son mucho más altos: la carne de primera se comercializa en 65 bolivianos, la de segunda en 55, y en algunos casos llega hasta los 80 bolivianos por kilo.
Adolfo Vargas, presidente de Acodecar, explicó que los intermediarios compran el ganado en ferias rurales, realizan el faeneo y luego lo distribuyen a los comerciantes, quienes ajustan los precios según la calidad del corte. “La cadena de costos repercute directamente en el bolsillo de la población”, afirmó.
La caída en la oferta también afecta al matadero municipal, donde el faeneo diario bajó de 450-500 reses a apenas 210-250. El jefe de Recursos Humanos, Heber Sandi Durán, precisó que el matadero no fija precios ni comercializa carne, sino que solo presta el servicio de faeneo. “El costo es de 85 bolivianos por cabeza y con el lavado de vísceras asciende a 106,10 bolivianos”, detalló.
En los mercados barriales, la preocupación es evidente. Durante un recorrido por la Pampa de la Isla, comerciantes y vecinos coincidieron en que el alza golpea directamente a la economía familiar. “Con lo poco que se gana ya no alcanza ni para comer. Las ventas han caído porque la gente compra menos carne”, lamentó una vendedora.
Los consumidores también reprochan la falta de medidas estatales para frenar la especulación y el contrabando. “Cualquier cosa es excusa para subir el precio, y lamentablemente el pueblo es el que paga”, denunció un vecino.
Productores y comerciantes advierten que la crisis no solo responde a la falta de combustible y a la presión cambiaria, sino también a la política de libre exportación de carne, que ha generado más presión sobre el mercado interno.
Mientras crece la incertidumbre, la ciudadanía exige acciones concretas para estabilizar los precios y evitar que la carne —alimento básico en la dieta boliviana— se convierta en un producto inaccesible para miles de familias.









