
Durante 24 horas el desfile de aficionados de corazón y personas que simplemente le admiraban ha sido incesante ante el ataúd de Edson Arantes do Nascimento, Pelé, O Rei, fallecido los 82 años. El nuevo presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha llegado al velatorio del considerado por muchos el futbolista perfecto a primera hora de este martes, poco antes de que concluyera el homenaje popular en el estadio de Vila Belmiro, en Santos. Unas 230.000 personas se acercaron a homenajearlo. Inmediatamente después, el féretro ha recorrido con un cortejo las principales calles de esta ciudad costera, con parada especial ante la casa de su madre, un ama de casa centenaria llamada Doña Celeste. El entierro, en familia, ha tenido lugar esta tarde en Santos, a 70 kilómetros de São Paulo, donde el icono planetario del fútbol murió el pasado día 29 por complicaciones causadas por un tumor de colon.
Ningún otro jugador ha logrado emular la gesta de conseguir tres mundiales, como hizo hace más de medio siglo. Y solo Brasil atesora cinco Copas del Mundo, más que nadie.
La visita de Lula al velatorio, de unos 15 minutos, ha sido su primer acto público como jefe del Estado. El domingo tomó posesión en una multitudinaria y festiva ceremonia (para un tercer mandato de cuatro años) y el lunes lo dedicó a mantener reuniones bilaterales en Brasilia con los mandatarios extranjeros que acudieron a la ceremonia. El presidente brasileño llegó con su esposa, Rosangela Silva, conocida como Janja, en un helicóptero que aterrizó cerca del estadio. No hizo declaraciones.
Los admiradores que dejaron la despedida para última hora tuvieron suerte porque este martes por la mañana la cola avanzaba a un ritmo muy ágil y el cielo estaba nublado. Todo un contraste con la víspera, cuando hubo que esperar hasta tres horas bajo un sol abrasador. Durante la madrugada, el desfile de ciudadanos ha continuado. Siempre a paso ligero, apremiados a no pararse, como en el funeral de la reina Isabel II de Inglaterra, como recordaban algunos santistas durante la espera. Pelé reposaba en el centro del césped de Vila Belmiro, en un féretro abierto, con el rostro protegido por un delicado velo. A los pies do Rei, las banderas del Santos (blanquinegra) y la de Brasil. Le rodeaban en último homenaje público varios de sus hijos y nietos.
Las puertas del campo donde Pelé marcó más de mil goles han cerrado a las diez de la mañana tras 24 horas. Un velatorio sencillo para el brasileño más famoso del planeta para el hombre que conoció monarcas y presidentes. Muchos compatriotas que se deleitaron con el arte de Pelé han venido a rendirle un homenaje sencillo, cercano, como el que se dispensa a un amigo o a un pariente.
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