El presidente Luis Arce sorprendió este jueves a la Asamblea General de la ONU con un mensaje directo: el riesgo de una tercera guerra mundial “es muy cercano”. A sus 80 años de existencia, dijo, la ONU no ha logrado los resultados esperados y el mundo permanece tan dividido como hace ocho décadas.

Para el mandatario boliviano, la raíz de las tensiones actuales es clara: un neocolonialismo liderado por Estados Unidos, motivado por el control de recursos naturales y materias primas estratégicas. “Se practica el genocidio por la sola decisión de dos países de negarle la libertad a un pueblo”, denunció, citando conflictos en distintos continentes.

En el plano regional, Arce criticó la presencia militar estadounidense en América Latina y el Caribe, señalando que busca intervenir en Venezuela y consolidar el bloqueo contra Cuba. También advirtió sobre la posible vuelta de la DEA a Bolivia con el próximo gobierno, en referencia a candidatos que no garantizarían la soberanía en la lucha antidrogas.

El mandatario boliviano propuso una agenda de seis puntos para reformar el orden mundial:

  • Crear una Comisión de Reparaciones para los países del Sur Global.
  • Convertir la Asamblea General de la ONU en un órgano con resoluciones vinculantes.
  • Declarar al mundo como territorio de paz y avanzar en la desmilitarización.
  • Reformar profundamente el Consejo de Seguridad.
  • Promover la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra.
  • Rechazar las guerras comerciales que profundizan la desigualdad.

Arce también acusó a Washington de buscar controlar el litio boliviano y otros recursos estratégicos de la región, vinculando estas ambiciones a intentos de golpes de Estado recientes.

Su discurso, cargado de críticas al sistema capitalista global y a la política exterior de Estados Unidos, coincide con posturas similares de otros líderes, como Donald Trump y Javier Milei, quienes cuestionaron la eficacia de la ONU.

La intervención de Arce marca su última participación ante la ONU como presidente, antes de entregar el mando el 8 de noviembre al ganador de la segunda vuelta electoral del 19 de octubre.